Sarita Lasauria

Mañana tengo el coñazo del desfile

Esa frase la he oído cientos de veces, pero dirigida a la pasarela y proveniente de amigas y amigos diseñadores, modelos o periodistas que se enfrentan los primeros a los nervios, los segundos a unos trajes que les sientan fatal y los terceros porque quisieran estar en otro desfile con más enjundia que el que les ha tocado cubrir en esa ocasión. Seguro que Anne Wintour lo dice más de una vez en esas interminables semanas de la moda milanesa, parisina o neoyorquina. Pero lo que me ha dejado atónita es oírlo del señor Rajoy. Que eso lo dijera George Brassens o en su defecto nuestro Paco Ibáñez en aquella copla contestataria llamada la Mala reputación, donde se decía aquello de que “a mi la música militar nunca me supo despertar”, no me extraña nada, pero que lo haya dicho un político, seguimos con los eufemismos, de centro derecha, es espeluznante cuanto menos por el desardor guerrero que conlleva.

Así, mis amigas de derechas me han estado llamando toda la mañana para comentar el caso. Incluso una de las más excelsas damas de mi círculo, que tal su afición a los uniformes, la llamaremos Agustina Artillerías, y que es del PP mucho antes de que este se creara, ha quedado perpleja y muy preocupada. Y razón tiene, pues que dice ella que con esto de la mercadotecnia de ideologías no vaya a ser que los suyos determinen algún día eliminar del calendario de desfiles militares el de las Fuerzas Armadas y el del Día de la Hispanidad, que es por otro lado como siempre se ha llamado el 12 de octubre. Al caso se eliminó, dice ella, el servicio militar y las tardes de los sábados y los domingos de su capital de provincias han quedado desangeladas y ella en perpetuo desarraigo de su erotismo castrense. De hecho la pobre vivía en las inmediaciones de un cuartel y ahora el único uniforme que ve es el de los repartidores de butano y cuando no a sargentas y tenientas. Y es que a ella lo que le va, dice Stupenda Nice, siempre tan directa, es un uniforme, pero empaquetando hombre.

Claro que lo de Artillerías es patológico y en su videoteca tiene paradas militares de 86 países que no deja de poner una y otra vez cada vez que nos invita a ir a su casa algún fin de semana por tomar torrijas. Lo cual cada vez hacemos menos debido principalmente a que una de sus favoritas es una china que tiene de cuando Mao; pues a la uniformidad en el vestir se une la del físico de la soldadesca lo cual le resulta de un tremendo minimalismo sin cualquier sobresalto. Pueden imaginarse que estar tres horas viendo chino viene y chino va resulta poco entretenido, al menos a nuestra mentalidad occidental que siempre nos pondrá más una revista militar en un portaviones de marines o una de legionarios sobre las dunas del Sahara, que quiera que no tienen más arquitectura corporal que los de la Revolución Cultural, pero hay patologías que por singulares merecen un respeto y además que, no crean, pueden resultar relajantes como si se tratase de una sesión de yoga.

De momento, a la Agustina, Rajoy la tiene hecha polvo. Y si creen que esto de mi amiga es ocurrencia de servidora, vean a la Dietrich y sepan que las excelsas también se pirraban por los uniforme

Be Sociable, Share!

Publicar un Comentario