Sarita Lasauria

Cosas locales

Tener una familia que se altera en tiempos de elecciones, les prometo que es difícil de sobrellevar. Si el domingo pasado era mi tía Mariquecas y su cabreo monumental con la propuesta de Motril Jubilar (anterior post), ahora es mi primo Merce Daria quien me propone crear un partido LGTB en nuestra localidad. A su juicio le ha llegado la hora de jubilarse de su profesión de artista de variedades en Barcelona y que mejor que hacerlo en su pueblo. Pero, claro está, una gran artista del espectáculo en su retiro quiere servir a la comunidad, lo que en plata significa que lo que quiere es seguir viviendo del foco y nada más indicado que la política. Para ello, ha pensado, que no hay otra salida que meterse de lleno en acción. Y naturalmente, que sea su tierra y no cualquier otra la que se aproveche de su desinteresado altruismo. Como ejemplo me pone a ManuelaTrasobares, esa disparatada dama que igual es alcaldesa que soprano que tertuliana de armas tomar. Mi desgracia es que tanto mi tía como mi primo no les haya dado en su retiro por convertirse en poetisas locales. Oficio mucho más tranquilo, siempre que la lírica en particular no se ponga pesada en eso del recitado y se crea ser aquella Aina Cohen mallorquina que, vestal, tanto glosó mi maestro Llorenc Villalonga. Las poetisas de ese palo me provocan grima, pues se empeñan en ser funcionarias de la poesía las 24 horas del día y a menos que te descuides te endosan un ripio sublime hablando de la industria local y sus costumbrismos trasnochados y desaparecidos. Al caso, conozco a una que lleva veinte años componiendo una oda, kilométrica a lo visto, que se titula La Marenga y que más que oda es culebrón cruel y sádico, pues dos décadas diciendo que la pobre señora heroína del poemario se dejó la vista zurciendo redes, que se sustenta de mendrugos, ha perdido al marido y a una extensísima prole en la mar (he contado hasta cuarenta vástagos, pues que joder jodía la jodía) y se pasa la existencia secando pulpos y boquerones en el Peñón de las Caballas, ya es mala leche y un desconocimiento total de la Andalucía imparable y de que dicho peñón hace tiempo que es propiedad de un puerto deportivo. Además, que cualquier departamento de Asuntos Sociales o Patronato de Turismo que se precie, no habría permitido que la misérrima marenga siga en su menesterosa existencia en pleno siglo XXI y la habrían llevado a algún programa de Canal Sur a jalearla en los platós o en las ferias de turismo. ¡Pues menudos son ellos a la hora de burocratizar y administrar libertades y tópicos! Yo cada vez que me lee un canto nuevo, pues ella lo estructura en plan homérico, le aconsejo que de vez en cuando le dé alguna alegría a la criatura de su invención: es mala leche tener a un personaje, que sorprendentemente domina un lenguaje lírico y ripioso de manera prodigiosa, con una existencia tan perra. Por ejemplo, le sugiero, que a la nietecilla tonadillera que siempre aparece cantando por Juanita Reina, pero en plan Palas Atenea, la lleven a Se llama copla o que a la casquivana que tantos malos ratos les da con un preñado un día sí y otro no, claro está que de dioses del antiguo Olimpo, la mande a Gran hermano, y que a la de corte choni, como si fuese una Venus Afrodita suburbial, la graben para Princesas de barrio. No hay manera, ella aduce, mientras se come su torrija de media tarde ataviada de mejillonera de la rías baixas o de cenachera lésbica, que le quitaría dramatismo a la existencia de la matusalena que es ejemplo de raza y espiritualidad española y a la par aguerrido ejemplo de las grandes matronas mediterráneas que vienen de las fenicias. Y un cojón, piensa servidora: tú lo que manejas, en una diarrea lírico mental de rancia irredenta, es un sadismo de psicokiller que te cagas. En fin, que pensándolo bien, mejor que mi tía y mi primo estén en la política. ¿o no? Mientras tanto, me quedo con esta impronta de Plexiglás de Marbella en lo que ella llama su crucero de crisis por las costas de Marbella.
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