Sarita Lasauria

Crónicas goyescas

fotooficialgoyaEstaba servidora atenta al discurso de Alex de la Iglesia en los Goyas cuando sonó en mi celular la melodía de Mi jaca, señal de que mi tía Mariquecas solicitaba mi atención. En principio pensé en no descolgarlo, pues temía que su llamada respondiera a una crítica pavorosa sobre el traje que en la gala colgaba de Leire Pajín, y digo colgaba porque no hay otra manera de definir la poca gracia con la que la ministra antitabaco llevaba aquel corte imperio. Nada que ver con el romanizado de González Sinde o el estilo Nancy Reegan de Salgado, ni tampoco con el el traje Colín Firth de Sebastián en A single man. Lo que sí chocaba era tanto recuerdo a los imperios, en tiempos de tanta crisitud, que denotaba el atuendo de dichas políticas y del político en cuestión.
Pero no era ese el tema que preocupaba a mi tía, sino que era de índole política local su llamada. Acababa de enterarse que el alcalde de Motril, Carlos Rojas, incluye en su programa electoral una propuesta de turismo religioso llamada Motril Jubilar. Cuestión que en la cabeza de Mariquecas había levantado una caja de truenos.
Como todo el mundo sabe, cuando mi tía tuvo veleidades de presentarse a la alcaldía de Almuñécar, su propuesta electoral se basaba en convertir el pueblo en un parque temático religioso donde el PGOU recogiera dichas actuaciones temáticas en la edificación de conventos, catedrales, ermitas y calvarios. Ellas y las LSD, siglas de Las Sinhueso Desatada, grupo político con el que ellas y sus amigas setentonas y octogenarias, beatas y cinguladas pretendían presentarse a las elecciones de 2003.
A mi aquello me pareció disparate y renuncié, en su momento, a ser jefa de prensa de la formación, puesto que si por un lado veía con gancho al grupo por el tirón que podía tener en la tercera edad, también intuí que un programa basado en un turismo de tipo religioso, y mas temático, no resultaba sugerente debido principalmente a que tanto el Vaticano con su monumentalidad y Lourdes o Fátima con sus milagros y reputadas apariciones tienen más gancho en su haber. Ya no digamos La Meca o el Ganges que nos quedan retirados. ¿No?
Mi tía lo que venía a gritarme en la noche de los Goya era que si a mi me pareció disparate su intención entonces de anunciar milagros y apariciones en su programa electoral apoyando su parque temático religiosos, qué me parecía ahora que Motril se pretendiera Jubilar y en Almuñécar se anunciara un turismo de siete estrellas. Para Mariquecas mi falta de intuición política le había costado no llegar a alcaldesa de su pueblo y encima haber regalado ideas al contrincante.
Intenté calmar su furia, aduciendo que en tiempos de crisis los políticos acuden a la magia del discurso para encandilar votantes y que incluso los disparates anteriores anunciados por otras formaciones pueden ser según se planteen un buen motivo de marketing electoral.
Pero de nada sirvió mis explicaciones, pues de pronto con esa fina ironía ruraleña que la caracteriza y con maldad de marujona malvada me espetó: Fíjate que serás tonta, que hasta una ministra como la Pajín, que en tantas cosas se va pareciendo a ti, te copia el estilo en la noche del cine y tú sin enterarte, y encima ha llegado a donde ha llegado.
Muerta quedé y sin respuesta.
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