Sarita Lasauria

Yo, como todas, fui chica ye-ye

masbonitaqueningunaAl igual que hoy paso por una megacool, yo, como todas, fui chica ye-ye. Así, que me haya sentido doblemente triste con el fallecimiento de Augusto Algueró. Y digo doblemente, porque aparte ser el compositor de la banda sonora de la mía y de todas aquellas cabecitas locas a las que se nos calificaba de esa manera en la España rural de los sesenta, me he encontrado enfrentada a ese sentimiento de reencuentro con los recuerdos mientras escuchaba aquellas canciones y revisaba alguna de las películas que le tuvieron como compositor de los temas musicales. También con el inexorable paso del tiempo, que va dejando día tras día un mogollón de cruces de mi educación sentimental y autodidacta de lo popular en el monte del olvido.

Desde aquellas chicas de la Cruz Roja a la chica ye-ye, una legión de muchachitas, también muchachitos, nos fuimos haciendo el ajuar mental de los sueños, que en algunas se convertiría en ranciedad y en servidora fue puerta para otras experiencias y enjundias.

Recuerdo que servidora y mis amigas de entonces, teníamos como gran acontecimiento cuando en el cine de mi pueblo anunciaban una película de aquellas que tenía a chicas intrépidas y modernas de entonces como protagonistas. Recuerdo de aquella colección a Rocío Durcal, a Sonia Bruno y a la propia Marisol, de las que copiábamos actitud y vestuario: la Durcal en marisabidilla, la Bruno rozando el pecado extranjero y Marisol en moderno rompedor en aquella Nueva cenicienta tonteando con Antonio, que ya era tontear.

Jamás olvidaré el Acompañame de la Durcal, Buenos días, condesita o el Más bonita que ninguna, de la que me estrené como costurera haciéndome, con la colaboración de mi primo Merce Daria, aquel traje rojo de la Durcal en la escena cumbre de la película. Obvio que aquellas organzas y gasas que vestía la propia, en mi fue forro puro y duro, pero sin lugar a dudas lucí el primer rojo y largo de mi vida en aquella Navidad del sesentaytantos. Traje que provocó sus más y sus menos en la familia, ya que hubo quien dijo que mi primo lo lució en carnavales con más empaque que servidora, y en maldad extrema, la larga lengua de vecindonas me tacharon de sargentona por mi natural grandón, y a mi primo de primera vedette de un teatrillo de varietes que visitaba todos los años el pueblo. Obvio, que ante mi envidia, Merce Daria terminó enrolado en esa tribu de cómicos para acabar en el Paralelo de travestona.
Así éramos:


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