Sarita Lasauria

Entre la copla y el haiku

2363737875_9665418aa3Se empieza adoptando el primer animalillo mascota que encuentras por ahí y acabas asistiendo al evento donde la poetisa local, que es lo único vanguardista que te va quedando, te endilga una rima servida en canapé de nocilla con morcilla como metáfora de la dieta saturada en grasa y la grasa mediterránea. Así ha estado servidora en los últimos tiempos: entre sosa, añosa, telaraña de los Monsters, provinciana y sin perrito que le ladre el disparate. Letal también, para que engañarnos, con algo de climaterio que es algo que siempre, cuando te pasa, le sucede a esa otra mismidad que está en los libros de autoayuda: la amiguita imaginaria, que siempre te acompaña pero que nunca logras ver, en esos mamotretos absurdos de la felicidad políticamente correcta que es manual de horrorosas en tiempos de crisis carnal y monetaria.

La felicidad, a qué engañarnos, a cierta edad no hay de qué. Al menos, la felicidad con mayúsculas, la que importa, la que te sube hirviente desde el bajo vientre hasta la cabeza, semejante a esas burbujas de champán en la mágica hora punta de la testosterona. Esa felicidad que te sorprende al volver de la esquina en la mirada inquietante de un chiquitín que te observa sin mediar en sus ojos ninguna intención estudiosa de tu visa. Y no esa otra impostada que desesperadamente queremos encontrar en el primer perroflauta que nos ladra ¡Que difícil es eso ya, joder! Comenta la longeva precoz, timorata, agria e incisiva que a veces últimamente me acompaña y que tiene ese aire pacato en política y desollado en frivolidad de Esmeralda Saenz de Santamaría ( Sé que es Soraya, pero que en plan destroyed la veo más en aquella inefable Esmeralda la Zingara, que de princesa iraní de los ojos tristes que siempre se hizo pasear por aquellos incomensurables tios a lo Mad Men vintage)

Hasta mi ex autor, al otro lado del ordenador, me insinuaba el otro día que mi blog iba perdiendo la batalla en el trending topic (la palabra mágica) de la red. A mi que siempre he sido la keywords (la palabra que todo lo abre) del glamour.

-Pues escriba usted para la cuarta edad, -me espetaba mi encargada de intendencias domésticas Lamparines con esa crueldad de las humildes ante la majestad mancillada de una María Antonieta, y dando a entender que la tercera edad de mis lectores ya estaba en el horizonte lejano de una película de aquellas del oeste donde aparecía mi adorado Richard Widmark, y el cementerio de elefantes fuese el único futuro lector de mis escritos.

“Al paso que vas, mona, te vas a convertir en una Leire Pajín del beaterío laico. O sea, una inquisición en versión Memoria Hitórica pasada por concejal de ese paraíso para viejos que es Benidorm”. Me decía Plexiglás de Marbella (ya escribiré sobre la diferencia social y territorial de las longevas de Benidorm y Marbella). Ella que cada vez le va pareciendo más a Blancanieves en su bisturí Disney de los años treinta y, en compañías, es la reina en la vitrina de chiquitines afines a las ciencias del anticuariado y la arqueología; pero, que todo hay que decirlo, un bibelots vivo a lo L´Oreal o la Alba

Opiniones… opiniones… opiniones… Pero la verdad del cuento la sabe la Lirio y yo en copla, y noto brotes verdes en mis sienes en haiku. Manera de decir lo mismo con dos estilos diferentes.

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