Sarita Lasauria

EL PRIMER SOFOCO

imagen_sexo_en_nueva_york_5Cualquier horrorosa en oficio de sacerdotisa de la maldad, sabe que en la diana de la edad cualquier flecha envenenada siempre acierta. Así, suelen lenguaraces, poner el aguijón cuando advierten en una dama cierta propensión a ocultar los años o con desliz de perdonable coquetería, si bien es cierto más acorde con proceder de estúpida que como excelsa, jugar al despiste utilizando para ello un pretendido desorden en su fisiología, que puede ir desde una sorpresiva regla en edad, con notoria ausencia de ella, o aparentar primer sofoco anunciador de la temible menopausia, cuando de todos es sabido que a la dama en cuestión hace tiempo que le dieron los santos oleos en esas alteraciones de género.

El asunto es, que mi querida amiga Plexiglás de Marbella, en un sarao de su localidad, sufrió un mareo que, aunque leve, la tuvo en vilo durante toda la fiesta, no obstante Plexi siempre con su prurito de gran clase aguantó el tirón sobre sus taconazos de aguja, tal que haría cualquier cisne de Truman Capote en el transcurso de todo postín. Así, en ningún momento hizo alarde de su malestar, pero pecó de ligera al comentar en un grupo de expertas en climaterios, por haberlo experimentado, que estaba sufriendo un ligero desfallecer que se manifestaba en cierto desconfor a su naturaleza. Ella siempre tan politicamente correcta, y porque no decirlo, algo cursi, evitó la palabra clave que como todas sabemos es la de sofoco. Al caso otra dama, afamada horrorosa, fue con directa sorna al grano al exclamar: “bonita, que se te retira el periodo, la regla y el extasis, que mira que te está durando, y tanto es así que lo tuyo es de record del Guines”.

Obvio, que no estaba servidora presente, ya que habría advertido a tan desconsiderado comentario que no por perder los honores de una regla, que a cierta altura cronológica sólo es recordatorio de la misma, se pierden los sentidos del placer. Así habría advertido a la palurda que la sequedad vaginal, los sofocos, las cefaleas o el insomnio no son los mejores compañeros del deseo, pero tales contrariedades sólo han de ser impedimentos circunstanciales y de fácil remedio gracias a geles, cremas y otros remedios de la farmacología. Incluso he conocido a rotundas sofisticadas que han encontrado en ese estado motivo de nuevos descubrimientos y han llegado a manifestar que la menopausia es la mejor época de su vida, al considerar la menstruación como una lata mensual y sangrienta: ¡un asco!

No obstante, y conociendo a Plexiglás la presiento postrada, deprimida y al borde de un desastre anímico que es lo que nos ocurre a las estupenda cuando nos sentimos fatal. Y más a ella que Sexo en New York 2 lo ha tomado como drama, más que como comedia, por ser las chicas ya cincuentonas.

A este respecto, debo poner regulación y aconsejarle a ustedes también que si tienen una amiga en estas circunstancias sepan a que atenerlas. En rigor el primer paso es advertirles que hay que adoptar ojo crítico para manejar los límites y entender que, a ciertas edades, los extremos no favorecen. Porque así como a los 50 ya no hay mucho margen para decidir un look grunger para ir al super y otro de Laura Eagles para ir al campo o de Carmen Lomana para cualquier ocasión, tampoco es necesario un eterno minimalismo a lo hábito de promesa en cuaresma. Siempre he odiado a esas que llegada la menopausia convierten el coqueteo en un archivador y agrían el gesto convirtiéndose en odiosas ama de llaves de Rebeca. Prudencia sí, pero no olvido del eterno femenino y del arma poderosa que es la seducción, en general bastante mejor manejada cuando no se ha nacido ayer y, nuestro pasado, es la suma de cuantas y tantas aventuras que nos enseñaron a permanecer divinas hasta cuando el revolcón fue frustrante.

Servidora, sin ir más lejos, cuando llegue al momentazo menopáusico de mi vida seguiré poniendo flores en mi altarito particular de Mae West, y como ella continuaré diciendo aquello de “ Tú, vaquero, es que llevas pistola o te alegras de verme”. Eso una niñatita, por mucho periodo y tetas sin bisturí que tenga, no lo dice tal que una experimentada.

Como lo siento te lo digo, Plexi: a nosotras menopausias ¡qué risa! Además, te digo otra cosa: a lo tuyo, amor, siempre le queda el lenitivo de un chaperazo.
Y para que paseis el trago os dejo con estas bulerías de Poveda y Carrasco

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