Sarita Lasauria

La boda de Chelsilla Clinton me hace reflexionar sobre lo huidizo que es el tiempo

el_orfanatoApenas ayer, que Chelsilla correteaba tras la cabra Cabriola por el cortijo de mi tía Mariquecas, y fíjense que ya anuncia el fandango de su boda. Ustedes dirán que eso de que Chelsea Clinton estuviese alguna vez en Almuñécar es producto de un pasón de psicotrópicos que me he metido esta madrugada. Bueno, la verdad es que Chelsea Clinton era la amiga invisible de la hija de mi amiga Olivilla la de Murtas, y no me dirán que la americana no queda más presentable que el niño ese del saco de la película El orfanato que interpretaba Belén Rueda. No al niño, sino a la madre del que veía al del saco.

carmenlomana120207Pero el asunto es que Olivilla junior, ésta sí se parecía al del saco aunque luego se ha remediado y de más mayorcita está cogiendo un aire a Carmen Lomana cuando esta última coincide en algún sarao con Nati Abascal y gira la cabeza como la niña del exorcista, jugaba con Chelsilla y aunque fuera imaginariamente por un momento se me ha antojado que fue cierto.

La verdad, es que algunas veces me daba cierto escalofrío, pues había que ver como la Olivilla se comportaba en presencia de la invisible; pues que era imposible que supiese tanto protocolo de sólo leer el Hola. De hecho mi amiga Paca la Piraña me comentó un día que ella había leído en un Más Allá, que era como Cuarto Milenio pero en la Transición, que había una monja de la antigüedad que igual estaba en un convento que en otro al mismo tiempo y que veía lo que pasaba en un sitio y en el otro. Puede, le contesté ante tamaña chaladura de aquella alma de cántaro que era Paca

Pero el día que la niña me dio más miedo, fue el que la sorprendí en el comedor de su casa sentada frente a lo que me pareció el canario de su abuela muerto y puesto sobre una bandeja. Al preguntarle alarmada que qué hacía, comprobando que realmente era Piolín de cuerpo presente, Oliva se levantó con el mismo genio que lo hubiese hecho la Anne Wintour ante cualquier tremendo error de un colaborador, y me espetó con cajas destempladas que a su comedor no se entraba con formas de la Lewinsky, y menos cuando su amiga la señorita Chelsea y el presidente de los Estados Unidos de América y su señora, o sea Hillary y Bill, estaban comiendo el pavo de el Día de Acción de Gracias. Juro que le cogí un respeto a la niña que me dura todavía. Y aunque al parecer ahora se ha hecho más de andar por casa y es adicta a Gran Hermano y Sálvame de luxe, no seré yo la que le diga que Chelsea se casa, pues no sea que lo tome como comentario de ventanera y crea que lo digo por ofenderla en su soltería, y tan mimética como es me monte un pollo de los que se lían en esos realitys o cuando menos se haga psicokiller y acabe servidora como el Piolín aquella tarde.

Pero la cosa es que esta noche cuando he leído la noticia, por un momento he sido más mimética que la Olivilla junior y de repente me he sorprendido pensando que hay que ver como pasan los años, pues que tal que ayer la Chelsilla correteaba tras la Cabriola y ya se nos casa. En fin, que huidizo es el tiempo y que mayores nos hacemos todos.

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