Moleskine

El charco

charcoycristal370La foto es un charco donde la gente se refleja tras la lluvia. Pero es que la realidad actualísima es también un charco de crisis y chamarileros, tras el esplendor en la hierba. Estos mismos viandantes hasta hace poco reflejaban sus cabezas altas y soberbias en el ahumado de las lunas del lujo de los edificios de cristal y acero y en los escaparates minimalistas del diseño. Hoy, cabizbajos, se reflejan en un regato de agua urbano, sucio y asfáltico que es socavón barroco de hojarascas y detritus en un firme malgastado de recién estrenada calzada como metáfora del despilfarro en obras apresuradas. Mientras en el cielo se ofrecía el artificio del mármol de oro y el cambio, ahora hemos descubierto que el suelo sigue tan rural, mal remendado y acharquinado como antes tras una leve lluvia de cuando mayo mayea.
Cuentan que tras la Revolución francesa con el Consulado de Napoleón las hijas, de las que tricotaban al pie de la guillotina, pidieron a las exiliadas aristócratas que se libraron de ser espectáculo para sus madres, que les enseñaran los usos y maneras de antiguo régimen. Todo aquello lo definió muy bien, un siglo después, un príncipe italiano al decir “Cambiarlo todo para que no cambie nada” (Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi).

Be Sociable, Share!
Volver a la página principal

Deje un Comentario

Escriba a continuación su comentario: