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El Afilador (Con pie de foto)

P1450808 copia-2-firmadaVuelve el afilador para anunciar viento o lluvia o crisis, que es el caso último y actualísimo, como vuelven otros oficios que se creían perdidos tales que la modista doméstica, aquella que cosía para la calle. Y que tal el paro, sale más barato zurcir el Zara que ir al chino a comprar otro.
Nuestro afilador se ha tenido que agarrar otra vez al ciclomotor para afilar los cuchillos del hambre, cuando todo parecía indicar que el usar y tirar de IKEA y la calderilla que los tiburones de la política y la finanza repartían de su festín se habían llevado para siempre al orensano oficio de amolador.
Está claro que cuando a los ricos les sobra para repartir el pan, desaparece el buhonero, el tío de la cabra y el afilador. Pero cuando ve que el fruto del ansia de su renta disminuye, dice aquello que a una austriaca le costó la cabeza bajo afiladísima guillotina: si no tienen pan que coman piedras. Ellos, los ricos, siguen comiendo pasteles, pero ya la historia ha demostrado que su usura insolidaria termina por arder en la pira de la revolución.
El afilador es un síntoma y un preludio. Cuidado con la flauta que los anuncia.

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