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Una noticia milagrosa

San Antonio de Padua copia 3Dicen, y suerle ser cierto, que las grandes novelas y las grandes películas, alguna de ellas no todas, tuvieron su génesis en una noticia periodística de esas que llenan los huecos de un periódico cuando no hay chicha ni limoná en el diario acontecer de la información, y que han hecho posible que se desate la creatividad, donde había sequía, de un autor. Al caso, recuerdo que en La mala educación de Almodovar el personaje de director de cine busca con anhelo una de esas noticias en los periódicos del día. ¿La encontraba? Creo que no, pero siempre he estado convencido de que Almodovar para el argumento de esa película se sirvió de alguna de esos sueltos periodísticos.

Puede que a unos de esos autores (Truman Capote se interesó por los crímenes de Arkansas y escribió A sangre fría) le habría fascinado la noticia que hoy he descubierto en mi barrido cotidiano de prensas locales. El titular es sugerente: “Roban durante unas horas un cuadro de San Antonio para que “haga un milagro”. El hecho ha ocurrido en la iglesia de un convento de clausura, pongamos que por Málaga, y la superiora ha declarado, ya que el cuadro apareció horas después, que alguien lo tomó prestado “para que hiciera un milagro”.

Al no aclararse si el santo es el Antonio de Abad o el de Padua, nos queda la incógnita si el creyente cleptómano pertenece al gremio de la ganadería o se la ha llevado prestado alguien con afán de noviazgo, ya que es conocida la veneración casamentera que se atribuye al llamado de Padua. Me inclino por lo segundo. Claro está, que en esa posibilidad hay un abanico de variaciones. En cualquier caso, quien distrajo por unas horas la obra para su privada intención, era creyente sin duda alguna; pues no veo a un laico utilizando las armas de un santo para rogativas particulares. Aunque vaya usted a saber.

Lo que si me parece sospechoso es que la hermana superiora sea taxativa en cuanto a que el cuadro fue robado “para que hiciera un milagro”. Aquí encuentro yo otra trama de guión con argumento de hecho mirífico de los años cincuenta. Es obvio que la monja, pizpireta y locuaz, está al loro de quien y para qué el cuadro ha sido sacado de la iglesia y vuelto a restituir, y si no cómplice del hecho, al menos con posterioridad sí ha sabido el por qué del asunto.

También puede que se trate de un padre o de una madre de familia en paro (lo bordarían Berlanga y Azcona) que en un descuido ha pensado que en ese san Antonio estaba la solución a sus problemas inmediatos, estimando en mucho valor una obra, que la madre superiora ha calificado de escaso interés artístico, aunque subrayando que muy milagroso. A saber qué prodigio ha sucedido cuando el atribulado hombre se dirigía a casa del chamarilero para el trueque de lo robado por dinero. A lo mejor el santo ha hablado y le ha afeado su conducta, ya que su situación de pobreza y desempleo no es culpa ni de él ni de las monjas y sí de la política de avaricia de los bolsistas, mangantes y políticos de mala laya. Imagino el drama y el arrepentimiento súbito y la vergüenza de devolver lo sustraido por parte del ocasional ladrón por necesidad. Y también una vez colocado el cuadro en su sitio ese guiño final del de Padua con el que acaba la película.

Pero también hay otro lado crematístico en el suceso. Imaginen por un momento unas monjas comerciantas y avispadas: necesitan dinero con urgencia. Y qué mejor que simular un robo para que los medios de comunicación se fijen en ella. El santo, además, es casamentero y ellas hacen unos dulces que se llaman palabra de San Antonio. Las televisiones se amontonan en las puertas de la clausura. La tornera que suele pecar de habladora comenta a los reporteros que el san Antonio es milagrero y que son muchas las feligresas que han encontrado pareja consumiendo los dulces del convento. El mensaje ya está lanzado y el negocio en marcha. Nada de publicistas afamados en el marketing. ¡Hermanas, misión cumplida!, dice la superiora mientras se relame de gusto pensando en las muchas caridades que podrán hacer con el invento. San Antonio, también en esta historia sonríe desde la pintura.

“Se lo llevaron y lo trajeron unas horas después por lo que no creemos que llevaran mala intención”, ha apuntado la madre superiora ante el tumulto de los micros y uno de un programa de corazón, siempre a lo suyo, le preguntaba si era verdad que una chiquilicuatre de la fama solía hacer ejercicios espirituales en el convento. La monja ha obviado la pregunta y ha seguido comentando que tras comprobar la desaparición, se avisó a la Policía, pero antes de que se formalizara la denuncia, el cuadro de San Antonio apareció en su sitio, sin que nadie pudiera detectar a la persona que lo hizo. “Es normal que en el caso de San Antonio alguien lo coja prestado para hacer milagros, aunque en esta iglesia no teníamos constancia de ello”, ha señalado la monja de clausura de la orden de las clarisas. Luego han venido de un reality y la hermana tornera les ha ofrecido unas yemitas de San Antonio que son milagreras para encontrar novio o novia •que para todos sirve”, ha añadido con una sonrisa candorosa de pícara avezada en los secretos del marketing más afinado.

Y así pudo ser, si así os parece.

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