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Historia de unos zapatos

Los zapatos se apilan sobre la estera de un puesto de mercadillo. Son excedentes de temporadas pasadas zapatosque aún están esperando su estreno para ser vehículo de unos pies que van de fiesta. Son también zapatos agonizantes que se conformarían con pasear a un hombre disfrazado de mujer en un carnaval o a una trotadera por los parques y autopistas de su comercio carnal, pero que sueñan con ser un día destino de Cenicienta.
Esos zapatos, de precio prohibitivo una vez, estuvieron hechos para pasear muelles y suaves moquetas, pero la mala suerte de su destino los ha llevado a ser pasto del regateo.
Su realidad final no ha sido de lujo y sí territorio del desprecio, puesto que quien los miró con deseos de adquirirlos en los lujosos escaparates donde admiraban al mundo, hoy probablemente no sienta la menor tentación de comprarlos, tal su realidad de deshecho y baratura. y, lo peor, de ser víctima de la tiranía de la moda que siempre habita en las llamadas últimas tendencias.
Si fuéramos grandes novelistas o cineastas, con mucha probabilidad ese calzado sería el protagonista de un destino de gran dramatismo o de alta comedia; pues marcarían con su taconeo un momento de alta tensión o volaría por el aire hasta convertirse en el chiste memorable al hacer diana sobre la cabeza de un personaje aborrecible.
Esos zapatos los imagino siendo plataforma para una mujer de sobria elegancia que acude a un discreto sarao con su petit robe noir y discreta joyería. Los zapatos caminan con paso seguro sobre una alfombra azul por el hall de un hotel de gran lujo. Van a tomar un dry martini en el cocktail de media tarde. Su propietaria se para al entrar en la sala donde se celebra el encuentro, en estudiada pose para que todos los allí presente puedan advertir su presencia y observar la estelar entrada de ese perfil de alta artesanía engarzada al terciopelo negro de su traje. Los zapatos entonan con su reflejo el largo de piernas y las miradas recorren el cuerpo de arriba abajo. Y esas miradas bajas señalan el momento en que los pies deben avanzar sobre el mullido azul que cubre el piso, sosteniendo la perfecta arquitectura que transporta y otorgando seguridad al porte de su propietaria. Es el momento sublime de cualquier calzado, sus escasos segundos de fama: el breve ego de cualquier zapato que lo hizo protagonista en la historia de aquella trepa que era Cenicienta.

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