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Un día despues de agosto

membrillos-en-sombraComo siempre que viene septiembre se queda algún corazón desgajado que no cupo en la maleta que se fue cargada de souvenirs, bañadores con el elástico cansado y promesas de otoño que irán amarilleando como las hojas de los árboles de un parque. Así la columna de septiembre se construye de bajones amorosos, pues que siempre hay un corazón partido rural por otro urbano que se va empaquetado para el futuro en el tango de Volver que veinte años no es nada, y de cursos políticos cargados de promesas que a una vuelta de curva serán incumplidas. Tanto el mozallón o mozallona que parte como el político son de pronto olvidar; el primero desmemoria la canción del verano descosida a polvos y el segundo de su puedo prometer y prometo. Mientras tanto el pueblo sigue esperando cual Penélope, la de Serrat no la de Homero, al Godot de Becket en la estación de su pueblo por si en algún tren volviera, un poner, algo que no se sabe bies qué es con esta crisis del paro.
Septiembre es, por tanto, un mes muy epistolar (ahora tuenti o facesbook) que concluye cicatrizando por San Miguel; pues que el que se ha ido termina por no contestar, mas o menos por esas fechas de finales de mes, las misivas, los e-mails inflamados de quien se quedó sentadito y esperando en el andén. Claro está que esa desfachatez del seductor, siempre el que se va, ha dado un cancionero otoñal que tiñe septiembre de melancólicos arpegios y hojas muertas, que según Joyce decía de estas últimas en su caída es igual de importante que la del Angel. O sea que el infierno o la grava como destino no importa y sí como se cuenta el acontecer del derrumbe. Así que en este noveno mes lo que menos nos interesa es la frecuencia del desamor o las buenas intenciones del político y su promesa, y debemos laborar en como se precipitan ambos en su derrumbe: en el amor haciendo un cancionero de su dramático desplome y en lo político dando un curso de psicología del poder. Trabajo de amor perdido en cualquiera de sus facetas. Pero cada año nos queda el membrillo que dará su dorada carne allá por octubre. Esto no cambia.

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