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25 años sin Truman Capote

067974565301lzzzzzzz“Algunas ciudades esconden regalos inesperados, deleites secretos. Algunas ciudades serán siempre paquetes envueltos, contendrán enigmas que nunca serán develados… Para conocer estas ciudades, para desenvolverlas, diríamos, uno tiene que haber nacido allí. Venecia es así. Después de octubre, cuando los vientos del Adriático barren al último norteamericano, y hasta al último alemáns, surge otra Venecia. Creaciones de Henry James, románticos de D´Annunzio a los que nunca se les ocurriría surgir de las sombras malva de sus palacios un día de verano cuando los extranjeros están por todas partes; emergen entonces para alimentar a las palomas y se pasean bajo las arcadas de la Piazza San Marco… Fez es otra ciudad enigmática que lleva una doble vida, y Boston también. No obstante, de todas las ciudades secretas, a mi parecer, Nueva Orléans es la más reservada, la más distinta, en realidad, de lo que le es permitido a un forastero. La prevalencia de los altos muros, de oscurecedor follaje, de altas verjas de hierro, gruesas y cerradas con llave, de ventanas con persianas, de túneles oscuros que llevan a jardines exhuberantes… Todo esto no es un decorado accidental, sino arquitectura hecha deliberadamente para camuflar, para enmascarar, como un baile de Carnaval las vidas de queines nacieron para vivir entre estos edificios protectores: dos primos, que, entre ellos, tienen otros cien primos desparramados en esta ciudad de relaciones familiares enredadas, susurrando juntos, sentados bajo una higuera al lado de la fuente que al derramarse suavemente refresca el jardín oscuro”… (De: Jardines Ocultos).

Truman Capote (1924/1984).-
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Frases de “Desayuno en Tiffany´s”:

“Siempre me siento atraído por los lugares en donde he vivido, por las casas y los barrios… A pesar de estos inconvenientes, me embargaba una tremenda alegría cada vez que notaba en el bolsillo la llave de mi apartamento; por muy sombrío que fuese, era, de todos modos, mi casa, mía y de nadie más, y la primera, y tenía allí mis libros, y botes llenos de lápices por afilar, todo cuanto necesitaba, o eso me parecía, para convertirme en el escritor que quería ser”…

“Jamás se me ocurrió, en aquellos tiempos, escribir sobre Holly Golightly… Era una de las inquilinas del viejo edificiode piedra arenisca; ocupaba el apartamento que estaba debajo del mío… Fue uno de aquellos buzones lo primero que me condujo a enterarme de la existencia de Holly Golightly… Pero nuestra relación personal no empezó hasta septiembre, una noche atravesada por los primeros y fríos estremecimientos del otoño”…

“Nunca me han dicho nada los abriles, es el otoño lo que me parece la estación inaugural, primaveral; y así me sentí mientras permanecía sentado con Holly en la barandilla de la entrada del cobertizo. Pensé en el futuro, y hablé del pasado”…

“Fuera como fuese, dejó de llamar a mi timbre. Lo eché de menos; y a medida que los días fueron disolviéndose comencé a sentir por ella cierto desproporcionado resentimeinto, como si mi mejor amigo se hubiese olvidado de mí… Una inquietante soledad se filtró en mi vida, pero no me produjo ningún deseo de buscar a mis amigos más antiguos, que ahora me parecían una dieta, sin sal ni azúcar”…

“Decidí que era una vulgar exhibicionista, una pérdida de tiempo, una farsante: alguien con quien jamás volvería a hablar… Y no lo hice. Durante bastante tiempo”…

“Si me siento culpable es porque dejé que él siguiera soñando cuando yo ya había dejado de soñar… Sabía muy bien que jamás lelgaría a ser una estrella de cine. Es demasiado esfuerzo; y, si eres inteligente, da demasiada vergüenza. Me falta el suficiente complejo de inferioridad… No quiero decir que el ser rica y famosa fuera a fastidiarme, Esas son cosas que ocupan un lugar importante en mis planes, y algún día trataré de conseguirlas; pero, si las consigo, querría seguir gustándome a mí misma. Quiero seguir siendo yo cuando una mañana, al despertar, recuerde que tengo que desayunar en Tiffany´s”…

“Aquellas última semanas, la del final del verano y el comienzo del otro otoño, aparecen borrosas en mi memoria, quizás debido a que nuestra comprensión mutua llegóa esos maravillosos extremos en que lelgas a comunicarte más a menudo por medio dels ilencio que con palabras”…

“La noche del viernes el cielo estaba rojo, tronaba, y el sábado, fecha de la partida, la ciudad entera zozobraba bajo una verdadera tempestad marina. No hubiera sido de extrañar que apareciesen tiburones nadando en el cielo, pero parecía improbable que ningún avión consiguiera atravesarlo…

“Es un fastidio, pero la solución consiste en saber que sólo se nos ocurren cosas buenas si somos buenos. ¿Buenos?. Honestos… No me refiero a la honestidad en cuanto a las leyes, sino a ser honesto con uno mismo… Adoro Nueva York; aunque esta ciudad no sea tan mía como pueden llegar a serlo algunas cosas, un árbol o una calle o una casa, algo, en fin, que sea mío porque yo le pertenezco”.

Los dos ( Holly y su gato sin nombre) somos independientes. Nunca nos habíamos prometido nada. Nunca- dijo, y se le quebró la voz, le dio un tic, y una blancura de inválida apresó su rostro… Joder. Éramos el uno para el otro. Ese gato era mío… Le dije que yo volvería buscarlo. -Y cuidaré de él. Te lo prometo… -Pero ¿Y yo?-, dijo, susurró, y volvió a estremecerse-. Tengo mucho miedo… Porque eso podría seguir eternamente. Eso de no saber que una cosa es tuya hasta que la pierdes. La dirección, suponiendo que llegase a haberla, jamás me fue remitida, lo cual me estremeció, tenía muchísimas cosas que decirle… Pero, sobre todo, quería hablarle de su gato. Había cumplido mi promesa; lo había encontrado… Un día, una fría tarde soleada de invierno, apareció. Flanqueado de macetas con flores y enmarcado por limpios visillos de encaje, le encontré sentado en la ventana de una habitación de aspecto caldeado: me pregunté cuál era su nombre, porque seguro que ahora ya lo tenía, seguro que había llegado a un sitio que podía considerar como su casa. Y sea lo que sea, confío en que también Holly la haya encontrado”…

Holly Golightly At Tiffany´s: “Quiero seguir siendo yo cuando, una mañana, al despertar, recuerde que tengo que desayunar en Tiffany´s. No quiero poseer nada hasta que encuentre un lugar donde yo esté en mi lugar y las cosas estén en el suyo. Todavía no estoy segura de dónde está ese lugar. Pero sé que aspecto tiene. Es como Tiffany´s. Y no creas que me muero por las joyas. Los diamantes sí. Pero llevar diamantes sin haber cumplido los cuarenta en una horterada; y entonces todavía resulta peligroso. Sólo quedan bien cuando los llevan mujeres verdaderamente viejas… Pero no es eso lo que me vuelve loca en Tiffany´s… He comprobado que lo mejor que me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany´s. Me calma de golpe, ese silencio, esa atmósfera tan arrogante; en un sitio así, no podría ocurrirte nada malo, es imposible, en medio de esos hombres con los trajes tan elegantes y ese encantador aroma a plata y a billetero de cocodrilo. Si encontrara un lugar en la vida real donde me sintiera como me siento en Tiffany´s, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato. (Ibd Capote, Truman. “Desayuno en Tiffany´s”).-

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