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El caso del mono enjaulado

Alex Barker, difunto de la Cervera, con Chita

Alex Barker, difunto de la Cervera, con Chita

No quiero ni pensar que la acogida de un mono en Peña Escrita, al parecer de los de Gibraltar, nos cree un problema diplomático con los United Kingdom. Tras lo de Moratino, el macaco gibraltareño se puede convertir en la serpiente de verano. Y quién te dice que todo esto no sea una estrategia de los enemigos para echar más leña al volcán de Benavides. Al caso, ¿qué hacía un mono de la Roca abandonado en una jaula en Almería? Y lo que es más sospechoso ¿cómo saben que el monito en particular procede de la colonia inglesa? ¿Acaso el primatillo era parlante, llevaba carta de identidad o cómo coño todo el mundo sabe que procede de Gibraltar? Y aún más, ¿no es extraño que los ingleses no hayan reclamado lo que les pertenece? Todas estas cuestiones se las tenía que haber preguntado el Ayuntamiento antes de aceptar ingenuamente lo que puede ser un regalo envenenado por el ex presidente Chaves, que sabida es la inquina que guarda contra nuestro primer edil. Pero también es cierto que el regalo es muy medíatico y que un verano sin noticias, a excepción de la gripe A o la paranoia de Rajoy, puede dar mucho juego publicitario al municipio. Pero de ser yo primer edil, cosa que Dios no permita nunca y los votantes menos, mandaría una carta a Isabel de Inglaterra, o mejor al príncipe Charles, que está más al loro de lo medioambiental, para ponerle en conocimiento que un mono de su graciosa majestad y madre anda perdido por la Costa Tropical y ha sido encontrado por los del Seprona que han procedido a depositarlo en Peña Escrita hasta que SSMM tengan a bien venir por él o lo que quieran acordar. Así, nos evitamos conflictos y a Juan Carlos, nuestro rey, mediar con la familia por el afán naturalista de su tocayo el de Almuñécar.
Pero el tal mono, además, apareció enjaulado; lo que hace más enigmático el asunto. Recuerdo que una vez, hace batallistas de abuelo, estuve en Gibraltar y un mono inglés me hurtó el sándwich de pepinillo que llevaba en mi mochililla hippy. Allí los monos campaban libres, pero al parecer hambrientos, y para un adolescente airado, rebelde, fan de Paco Ibáñez y español recién salido de la dictadura y entrando en lo de la libertad sin ira, aquello era jauja o por ahí. Uno, hasta entonces, sólo había visto los monos longevos y asténicos del Retiro madrileño tras las oxidadas rejas y un malandrín somnoliento que tenía una señora amiga de casa en su huerta de Murcia, pero nunca tanto chimpancés tan resabiado, espídico y hurtón, pero libres, como el que me robo el sándwich. ¡Libertad, cuantos crímenes se perpetran en tu nombre!, dije entonces mirando al moro y recelando de los monos. Y es que yo de adolescente era muy pedante. Fíjense que me sabía todo el parlamento del Romeo de Shakespeare y las hojas de hierba de Walt Whitman, y me leí de un tirón las conversaciones en la catedral de Vargas Llosa. Una vez me lo presentaron en Madrid en la firma de un libro y se lo dije. Don Mario me miro, pero como con la conmiseración de quien mira a un fenómeno de feria. Un asco de niño, al que ni yo mismo aguantaría ahora. Por si esto fuese poco me tragué, en versión original rusa y de una tacada, la película Guerra y Paz de Sergei Bondarchuk, cuyo metraje duraba más de ocho horas. Claro, que luego en la vida se pierden años con gente de carne y hueso que ni recordamos. Al menos me queda la proeza de haber hecho un esfuerzo por el arte.
Pero siguiendo con lo del mono. También es raro, raro que tras lo del incidente del león, aparezca el mono. Aquí ya entra Dickens y la saga de los niños huerfanitos. Ya saben, Oliver, David Copperfield, la pequeña Dorritt, que no sé si era huérfana y de Dickens, pero tiene pinta. Aunque a mi que el mono es más Tom Sawyer. O sea, travieso. Claro, que esto puede estar condicionado por la experiencia con ese género que he contado antes y puede ser una mera percepción subjetiva y pavloviana. Yo, particularmente, ya digo que de ser alcalde, pondría cuidado de recibir monos ajenos. Ya sabemos lo que paso en Troya. Pues una cosa es que el macaco hubiese llegado por propia voluntad, como hicieron aquellos chimpancés viajeros que se convirtieron en hombres, mientras que los que se quedaron en casa siguen siendo monos, y otra que nos llegue enjaulado pero muy documentado de procedencia. Y lo que es peor, que dirían las hormiguitas de Izquierda Unida, otra boca que alimentar para las arcas municipales.

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Una Respuesta a “El caso del mono enjaulado”

  1. Yo Dice:

    octubre 21st, 2009 a 6:19 pm

    Me parece una estupidez que los Ingleses de Gibraltar se quejen porque haya uno de sus monos en un Zoo, bueno, en una reserva. La verdad, mientras no lo torturen, no hay porqué temer, ni que lo hubieran cogido ilegalmente, oye. Tratandose de una reserva de animales, habrán tenido licencia para coger un mono y llevarlo ahí. Que cariño le tienen los gibraltareños a sus macacos. Ah, y el e-mail que he puesto es falso, no quiero poner mi verdadero.

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