Extrañezas ortográficas

Para Nebrija el asunto de la ortografía estaba claro: ‘que assí tenemos que escrevir como pronunciamos e pronunciar como escrivimos’. Pero casi dos siglos después el licenciado Bravo (Breve discurso en que se modera la nueva Ortographía de España, 1634) no estaba muy conforme con esta simplificación, como recoge Casares:

‘Deste dictamen de los Ortographos modernos de escribir como se pronuncia, se ha ido deslizando a otros más duros sin comparación: porque en la palabra Christo… aviéndose escrito siempre con h, ya la van abreviando y escribiendo Cristo sin ella. Y esta novedad la tengo por indecente…’

Dejando al margen las indecencias ortográficas del licenciado Bravo, la propuesta de Nebrija tampoco es de gran ayuda. Incluso tomada al pie de la letra puede dar lugar a actitudes como las del filósofo Jesús Mosterín que propone una escritura fonológica (fonémica), o la de aquellos que postulan una ortografía del andaluz, por ejemplo, que recuerda el habla de los personajes más castizos de las obras de los hermanos Álvarez Quintero.

El libro de Mosterín, Teoría de la escritura, es interesante por muchos aspectos, pero el resultado es éste:

‘Si keremos comunikar nos por eskrito unos kon otros, si keremos leer i eskribir, emos de azeptar todos el someter nos a una normatiba komún, a una ortografía… Pero el ke nezesitemos una ortografía no signifika ke la aktualmente bixente sea la únika posible ni la mexor’.

Lo que dice es cierto, pero escrito así nos hace sentirnos extraños con nuestra propia lengua. Y eso no parece un buen hallazgo.

El problema es que no en todas partes decimos (pronunciamos) igual ni todas las personas pronunciamos lo mismo. En algunos lugares se usa la ‘s’ en lugar de la ‘z’, y llaman ‘poso’ a un manantial hondo de agua; en otros se cecea y llaman ‘pozo’ a los restos de té o de café. Sólo el contexto puede resolver en estos casos la ambigüedad ortográfica y de significado.

Así que ni etimología a la manera del licenciado Bravo Grájera, ni extrañeza ortográfica como propone Mosterín. ¿Qué hacer entonces? La Academia tiró por el camino de en medio: un poco de todo (etimología, fonética y gramática) para la redacción de sus normas ortográficas, como veremos con algunos ejemplos en próximos días.

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