Del número

monosabioUna palabra es como el telón de un escenario. Detrás de ella siempre hay una historia que contar. A simple vista las palabras aparecen como un todo independiente, con principio y fin. Si las abrimos, como se abre una nuez, y miramos dentro, veremos una pequeña parte de la vida y las costumbres del ser humano. También del pensamiento.

Muchas palabras están formadas por un numeral (uno, dos, tres…) y otra palabra: triángulo, ‘tres ángulos’, y su composición y su significado son evidentes.

Pero no siempre ocurre así. Puede que el número uno o su correspondiente griego mono podamos verlo en palabras como monarquía, ‘gobierno de uno solo’. Pero quizá no sea tan evidente en la palabra monje. Monakhós, de donde procede monje, es una palabra griega derivada de monos, ‘solitario’, ‘único’. La congregación de estos solitarios se llamó monasterio (mono, esterión, ‘lugar para estar’), ‘casa común de solitarios’. Monaguillo (monacillo) es un diminutivo de monachus, que es como el griego monakhós pasó al latín. Y monigote, por último, es despectivo aumentativo de mónago, ‘monaguillo’. En todas estas palabras late un número, el uno, el monos griego.

Sólo encuentro dos palabras compuestas donde mono no signifique ‘uno’. Monosabio y kimono.

Sobre monosabio decía Néstor Lújan, gastrónomo, filólogo en su acepción genuina y divertido siempre, que al final del siglo XIX llegó a Madrid una troupe de circo, uno de cuyos números de más éxito fue el de unos monos amaestrados que eran presentados bajo el nombre artístico de ‘los monos sabios’. Iban vestidos con una camisa roja y un pantalón azul, la misma indumentaria obligatoria que usaban los mozos de caballos en las plazas de toros. Del circo, el monosabio saltó al ruedo.

La otra palabra es de origen japonés, kimono, y sería algo así como ‘prenda (mono) de vestir’ (ki).

Quizá sea también visible el numeral latino unus en palabras como aunar (ad, unum), o unánime (unus, ánimum), incluso en anular (ad, nullus) o en universo (unus, versus), el recipiente infinito, la unidad absoluta que encierra todos los mundos y sus cosas.

En otras ocasiones el número se pierde. En francés, y también en inglés, se produjo un curioso cambio de significado en torno a la palabra unio, ‘unión’, derivada, claro está, del numeral uno.

Unio, en latín, significaba ‘unión’, pero también ‘perla grande’, que los griegos llamaban margarités. Por metáfora, supongo, esta perla grande, la palabra latina union-em, se convierte en la francesa oignon y en la inglesa onion, ‘cebolla’.

De las margaritas arrojadas a los cerdos, que menciona San Mateo, hablaremos otro día, aunque también tengan algo que ver con el número uno.

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