De ortografía

Escribir es una operación muy compleja, pese a la rutinaria facilidad con que lo hacemos una vez que hemos aprendido. La escritura es una abstracción mediante la cual representamos sonidos con símbolos gráficos que llamamos letras y con los que urdimos palabras y conceptos.

Estos sonidos se definen por las partes de la boca que intervienen al pronunciarlos (labios, dientes, alveolos…) y por la manera en que expulsamos el aire por la boca. De golpe, rozando en labios y dientes, por la nariz, etc. También por la vibración o no de nuestras cuerdas vocales que son una membrana muy fina, muy parecida a la de los gatos, como me enseñara un día mi buen amigo el doctor Ferrón.

Las normas para escribir bien estos sonidos agrupados en palabras se conocen con el nombre de ortografía y la RAE publicará en estos días la última edición que recoge estas normas. Hay algunas novedades de las que ya han hablado los medios de comunicación.

Hace años dediqué algún tiempo a intentar comprender las dificultades ortográficas que encontraba en los trabajos de mis alumnos. En algunos casos la duda era de fácil explicación, pero en otras ocasiones sorprendía. ¿Por qué ‘vandido’? ¿Por asociación con ‘vándalo’ y no con ‘banda’ que es de donde procede?

Las explicaciones al uso no daban respuesta. Que a escribir se aprende leyendo, sin duda; mediante ejercicios de dictado, también; corrigiendo los errores con repeticiones de la palabra o incluso memorizando las complicadas normas ortográficas de la RAE.

Leí entonces, no recuerdo en dónde, que un alumno dedica un mínimo de seiscientas horas de su vida escolar al aprendizaje de la ortografía. Muchas horas, ¿verdad?, para tan pobre resultado a veces. Solíamos, solemos, descargar el fracaso en los desconcertados alumnos como se hizo siempre. Sobre todo, desde el uso intensivo de la comunicación a través de teléfonos móviles y de Internet, se nos alarma con que ese lenguaje acabará contaminando la ya deteriorada ortografía escolar. Puede ser. ¿Y qué? En tanto que esa nueva e hipotética ortografía del futuro no genere confusión y sirva para decir lo que pensamos o lo que sentimos, será tan válida como cualquier otra. Así ha sido siempre. Aunque quizá ahora las cosas sucedan muy deprisa.

Así que ese no era el problema. Si una persona dedica tantas horas de su vida a un aprendizaje y no lo consigue, puede ser porque el asunto a estudiar sea muy complejo, la ortografía lo es, ya lo dijimos al principio, o el método de estudio no es el más apropiado.

En esas pesquisas ortográficas de aquellos años me enteré de que hubo, hay, otros métodos de aproximación a la ortografía. Incluso existen simplificaciones ortográficas radicales como la propuesta por el profesor Jesús Mosterín. Supe del enfrentamiento en la Academia entre etimologistas y fonetistas para la elección de un método u otro, allá por los años cuarenta del pasado siglo y que recoge Julio Casares en su libro ‘Nuevo concepto del diccionario de la Lengua’, donde dedica un suculento e irónico estudio a la enseñanza de la ortografía.

De eso hablaremos.

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