Cien años de Residencia

Se cumplen este mes de octubre cien años de la fundación de la Residencia de Estudiantes (1 de octubre de 1910) germen de lo que se ha dado en llamar la Edad de Plata de la cultura española. En junio se conmemoró el centenario con un ciclo de conferencias y mesas redondas en la sede de la Residencia. Hay cumplida y sobrada información estos días en Internet. Las dificultades económicas e ideológicas para su fundación, el ideario de pedagogía krausista, sus conocidísimos residentes ilustres, sus más importantes conferenciantes e invitados. Lo mejor de la ciencia (Einstein, Madame Curie) y de las humanidades (Paul Claudel, Henri Bergson) hablaron en sus salas y pernoctaron en las habitaciones de los residentes, hechas a imitación de las dependencias universitarias de Oxford y de Cambridge, y desde cuyas ventanas Juan Ramón Jiménez veía las cabras ramonear en la Colina de los Chopos.

El primer director de la Residencia fue el malagueño Alberto Jiménez Fraud y hay también abundante bibliografía y referencias a él en Google. Así me entero de la muerte estos días de su hija Natalia Jiménez de Cossío.

Menos conocida es la historia del padre de Jiménez Fraud, Enrique Jiménez. Seminarista en Jaén a mediados del siglo XIX, abandonó la querencia clerical y volvió a su pueblo, Alcalá la Real. Allí las desamortizaciones religiosas y la desaparición de la Abadía y del convento de Mínimos, dejaron sin trabajo a una clase intermedia entre el campesinado y la burguesía rentista, que se había ocupado hasta entonces de los trabajos de la burocracia local.

Con unas monedas que le pudo reunir su madre, Enrique Jiménez salió de Alcalá y deambuló de trabajo en trabajo hasta asentarse en Málaga. Allí prosperó en diversos negocios, se casó y enviudó. No conozco sus habilidades comerciales y se sabe poco de su biografía, pero debió de irle bien porque en uno de sus viajes a París para comerciar con seda, conoció a Henriette Fraud, una joven francesa de Lyon por la que el director de la Residencia desde 1910 a 1936, Alberto Jiménez Fraud, lleva apellido francés y mestizaje de culturas, lenguas y maneras, como él mismo deseara para los demás, haciendo de aquellos pabellones de la Residencia en la calle Fortuny, el lugar de encuentro de las ciencias y las letras, como dos perspectivas de una misma realidad, y un intercambio de lenguas y humanismo.

Todo porque un día un exseminarista de Jaén, sin profesión, dejó su pueblo pensando, como así fue para él, que el mundo era ancho y ajeno.

Las noticias sobre Enrique Jiménez se las debo a mis amigos Domingo Murcia, cronista de Alcalá, y a su pariente Francisco Martín Rosales. Bienvenidas sean cuantas nuevas lleguen acerca de este emigrante y aventurero a la fuerza que supo ver la fineza intelectual, dicen, de Henriette Fraud.

Fotografía: Flores y palabras, blog de Elvira Coderch

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>