jueves, 21 de marzo de 2019     Síganos en:      

Costa Digital

Seijas Lozano y la falsa leyenda negra / Nicolás Fernández

07 de enero del 2019

Imprimir Noticia | Comentar esta noticia

Seijas Lozano y la falsa leyenda negra / Nicolás Fernández

Seijas Lozano y la falsa leyenda negra / Nicolás Fernández
rn

rnSe puede decir que 2019 será el año del sexitano Seijas Lozano, cuya biografía ha publicado el pasado año Nicolás Fernández otro almuñequero que nos ha traído del olvido al jurista y político del siglo XIX nacido en Almuñécar que vivió en primera persona, siendo varias veces ministro, hechos determinantes para la España de entonces y que influyeron poderosamente en la historia posterior.
¿Qué por qué será el año Seijas? Pues en primer lugar por el nombramiento de Manuel Seijas como Hijo Predilecto y en segundo lugar porque la figura del eminente almuñequero será motivo de los billetes de lotería del 11 de abril.
Aquí publicamos en su integridad el artículo que para la revista Destino Almuñécar La Herradura publicaba el pasado diciembre Nicolás Fernández .


 Seijas Lozano y la falsa leyenda negra / Nicolás Fernández


     El 27 de diciembre de 1800 nacía en Almuñécar Manuel de Seijas -Hernández- Lozano. Realiza sus primeros estudios en el convento de la Victoria y en la cátedra de latín adscrita a la parroquial de la Encarnación. Cursa Derecho en el Colegio de San Bartolomé y Santiago de Granada. En 1823 inicia la profesión de abogado en el Colegio granadino, en el que alcanza altos cargos, entre ellos, el de decano.
     Ejerce de fiscal interino y asesor en el Juzgado del Real Patronato de la Alhambra; fiscal en las Audiencias de Albacete y Valencia, y magistrado en las de Granada, Sevilla y Madrid. Será diputado en 1836 y de manera intermitente hasta 1864.
     Durante su etapa madrileña ingresa en el Colegio de Abogados de la capital y es nombrado presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y catedrático de Filosofía en el Ateneo. Publica su Teoría de las instituciones judiciarias. Participa como vocal en la Comisión General de Codificación, siendo el principal redactor del Código Penal de 1848 y uno de los impulsores del proyecto de Código Civil de 1851 y la Ley de Minas de 1849.
     En 1847, como ministro de la Gobernación, crea la Dirección General de Sanidad. Vicepresidente y presidente del Congreso de los Diputados, recibe la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.
     Como ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas (1849-1850) promueve la reforma de las Academias Bellas Artes y funda las de Barcelona, La Coruña y Málaga. Crea los estudios de Ingeniería Industrial, las Escuelas Agrícolas y las Mercantiles. Reorganiza las Escuelas Náuticas y establece la Facultad de Farmacia en Granada.
     Ministro de Hacienda (1850-1851) y de Gracia y Justicia (1856-1857). Miembro de las Reales Academias de la Historia y de Ciencias Morales y Políticas y del Consejo de Estado. Fiscal del Tribunal Supremo. Durante los últimos años de su vida es nombrado senador vitalicio, ministro de Ultramar (1864-1865), presidente del Consejo de Estado, vicepresidente y presidente del Senado e investido con la Orden del Toisón de Oro. Falleció en Madrid el 10 de diciembre de 1868. Esta trayectoria hubiera bastado para el reconocimiento público de Seijas en su ciudad natal.
     Dos monografías coinciden en afirmar que nada hizo por su tierra. Veamos esa nula relación de Seijas con Almuñécar.

La Sociedad Peninsular y la industria azucarera.

     Seijas y el empresario Ramón de la Sagra se habían conocido en Madrid y habían frecuentado círculos culturales. De la Sagra conoce la modernización introducida en Cuba en la fabricación del azúcar.
     En pleno proceso de formación de la Sociedad Azucarera Peninsular, De la Sagra visita el emplazamiento tradicional andaluz de la caña de azúcar. El comisionado presenta un informe para la instalación de las nuevas tecnologías, calificando a Almuñécar como la mejor vega. Refuerza sus conclusiones con la Memoria manuscrita del cultivador local y más tarde alcalde Francisco Javier Márquez. La Peninsular instala en Almuñécar en 1847, siendo Seijas ministro, el primer ingenio mecanizado de España que incorporaba los modernos trenes al uso en Cuba.
     Además, la urgencia en la mejora de la conducción de las aguas del río Verde lleva al Ayuntamiento sexitano a proponer al jefe político provincial el establecimiento de un canon en agosto de 1849. Granada desautoriza el acuerdo municipal. Seijas Lozano acaba de ser nombrado ministro interino de Obras Públicas. El alcalde almuñequero, Rafael Márquez, se dirige a su paisano para que apruebe el proyectado acueducto. En noviembre, ya como titular de esa cartera ministerial, Seijas respalda aquella decisión.

Francisco de Paula de Seijas Patiño.
     Según la tradición, Seijas privó a su ciudad natal de toda clase de favores por haber sido asesinado en Almuñécar un hijo suyo, al entrometerse en un asunto de faldas, haciendo caso omiso de las indicaciones por su discapacidad mental.
     Nada más lejos de la realidad. De los ocho hijos habidos en el matrimonio de Manuel de Seijas y María Jesús Patiño solo les sobrevivieron cinco. Felisa y Manuel fallecieron al cumplir un par de años. Solo quedaría el primogénito.
     Nacido en 1828 Francisco de Paula de Seijas cursó Filosofía y Jurisprudencia en Madrid. Estudió francés, inglés, italiano, alemán, hebreo, árabe, latín y griego. Cultivó con éxito la literatura y publicó notables trabajos científicos, filosóficos y literarios.
     Ejerció de abogado en el Colegio madrileño. Secretario de Isabel II, fue oficial de secretario en los Ministerios de Fomento y Gracia y Justicia. Caballero de la Orden de San Juan, como periodista y ensayista colaboró en revistas de gran difusión nacional. Fue diputado en 1850.
     ¿Era este el perfil y la carrera profesional de un discapacitado psíquico de apenas veintiocho años? La teoría del asesinato queda desacreditada también con la siguiente afirmación.
     Francisco de Paula de Seijas Patiño falleció a causa de una enfermedad, es decir, por causas naturales no violentas, y la defunción tuvo lugar en la capital madrileña. Así resulta del epistolario familiar, de la partida de defunción eclesiástica y del certificado del facultativo. El hijo primogénito de Seijas Lozano murió el 22 de mayo de 1856, en la madrileña calle Toledo, como consecuencia de una apendicitis convertida en peritonitis.
     En efecto, el joven Francisco de Paula de Seijas dejó la capital madrileña en noviembre de 1855 y en Almuñécar esperaba mejorar de sus dolencias merced al clima más benigno. El joven Seijas debió de salir de Almuñécar casi moribundo. La leyenda extendió la imagen de un enfermo postrado en cama de forma habitual, que regresaba a Madrid para morir rodeado de sus amistades y familiares.

Las amistades peligrosas de un ministro.
     Durante décadas Seijas haría gala de mantenerse fiel al criterio de no hacer partícipes a sus allegados de un ascenso profesional aprovechando sus influencias.
     Los hermanos Francisco Javier y Joaquín Márquez Osorio Calvache desempeñaron el cargo de secretarios de Isabel II. José Terreros Mintegui, alcalde de Almuñécar, sería condecorado por la reina por los servicios prestados durante la epidemia de cólera ocurrida en el Bienio Progresista. Al igual que el párroco Melchor Cantarell, José Terreros fue nombrado caballero de la Orden de Isabel la Católica.
     Como consecuencia de su paso por el Ministerio de Ultramar, algunos almuñequeros se beneficiaron de destinos ultramarinos. José del Barco Calvente sería nombrado oficial de la Contaduría de la Casa de la Moneda de Manila. Sebastián Carrasco Calvente obtuvo la plaza de teniente fiscal en la Audiencia manileña. Gonzalo Muller Maté recibió la alcaldía de Nueva Vizcaya, en la isla filipina de Luzón.
     Unos meses más tarde el ministro trasladará a Sebastián Carrasco desde Manila hasta la alcaldía de la ciudad cubana de Jaruco. Otro amigo de Seijas era Manuel Terreros, contador-interventor de la Aduana de Almuñécar; en 1865 sería ascendido a la Aduana de Santiago de Cuba.
     En definitiva, la acusación de favoritismo personal fue cierta, pero no parece que con su intervención perjudicara a sus paisanos…También evidencia el contacto permanente, hasta casi los últimos días de su vida, con el círculo más íntimo de amistades.

Las obras públicas en Almuñécar
     La tradición oral colocó a Seijas el sambenito de las deficientes comunicaciones de la provincia. En 1849 Seijas, como ministro de Obras Públicas, destina cien mil reales para impulsar la carretera de Granada a Motril. En la primavera de 1850 ya había aprobado el proyecto, el presupuesto y el pliego de condiciones del primer tramo de la vía, comprendido entre la capital y Tablate; también dispone obras en los caminos vecinales entre Almuñécar y Motril, Málaga y Granada.
     Los capitulares almuñequeros habían insistido en la precariedad de esas vías de comunicación, con grave perjuicio del vino y el azúcar. Ahora se insiste, con el señuelo del fomento turístico, en las ventajas del balneario.
     Además, desde comienzos del siglo XIX se vienen haciendo recomendaciones a las autoridades municipales para efectuar los enterramientos fuera de las iglesias. En esa línea el Ayuntamiento de Almuñécar reclama en 1834 la construcción de un cementerio con cargo a los fondos excedentes del Pósito. No obstante el informe favorable de la Dirección General de Pósitos, la Diputación notifica su resolución denegatoria.
     El proyecto quedó paralizado hasta finales de la década de los cuarenta en que se aprobaría la instalación del cementerio en el castillo de San Miguel. Sorprende la coincidencia de la autorización con la titularidad de Seijas al frente del Ministerio de Obras Públicas.
     Es probable, incluso, su intervención para lograr el traslado de las Casas Consistoriales. Ese proyecto se gesta durante su mandato al frente del Ministerio de Gracia y Justicia. Sorprenden, una vez más, las trabas impuestas a estos proyectos desde el Gobierno de Granada frente al decidido apoyo desde Madrid. La solicitud recibía el respaldo del Ministerio de la Gobernación y de Isabel II en marzo de 1858.

Las instituciones públicas locales

     La última condena pronunciada sobre Seijas versó sobre la privación de relevantes instituciones con las que contaba Almuñécar o a las que tendría un natural derecho derivado del nacimiento del ministro en su tierra.
     La Real Sociedad Económica de Amigos del País había quedado paralizada antes de la guerra de la Independencia. El convento de Nuestra Señora de la Victoria y el hospital de San Sebastián fueron desamortizados con Mendizábal.
     La reducción de las competencias de la Real Aduana de Rentas Generales fue paralela a la pérdida de territorio que desde el siglo XVI experimenta el partido marítimo de Almuñécar.
     En esa línea se habría sugerido que Seijas llegó a trasladar el inicial proyecto de un puerto en Almuñécar a la vecina Motril. Durante la defensa de la conveniencia de un puerto moderno en la costa, se plantearon las lógicas disputas entre Motril y Almuñécar. Al margen de la idea de construir un arsenal militar en 1861 avalada por la Diputación en Calahonda, habrá que esperar hasta una fecha tan tardía como 1883 para conocer el primer proyecto de puerto en Motril, ubicado inicialmente en Calahonda y trasladado al Varadero, ya entrado el siglo XX, cuando Seijas llevaba cuatro décadas enterrado.
     La demarcación territorial fue ejecutada a iniciativa del ministro motrileño de Fomento Javier de Burgos (1833). Cuando Seijas participa años después en sus primeras elecciones Almuñécar ya está integrada en el partido judicial motrileño. Al desaparecer esa capitalidad, también se trasladó la Contaduría de Hipotecas, antecedente del Registro de la Propiedad.
     La progresiva seguridad en la costa y la ausencia de inversiones hicieron inútiles las instalaciones defensivas. Las principales fortificaciones -los castillos de Almuñécar y La Herradura- se convirtieron en cementerio y casa de carabineros, luego museos.
     El ferrocarril provocó grandes expectativas, luego desvanecidas. Por razones evidentes, hubiera sido impensable un proyecto ferroviario hasta Almuñécar en la época de Seijas. No obstante, el Ayuntamiento de Granada -que no el de Almuñécar- reclamaría en 1893 del Ministerio de Fomento una sustancial modificación del proyectado hacia el sur de la provincia -con destino en Motril-.
     Finalmente, en 1863 Seijas Lozano otorgaba su último testamento en el que fijaba cien misas de difunto, divididas entre la parroquial del último domicilio y la de Almuñécar; además, lega mil reales para distribuir entre los pobres de su ciudad natal, siempre presente.

           Nicolás Antonio Fernández, registrador de la propiedad y autor de
           Seijas (2018) y Manuel de Seijas Lozano. Tras las huellas de un
           liberal olvidado (2007).