Todos los días llegan alguna vez

Ahora que supuestamente tengo tiempo, M, que conoce mis gustos literarios, me regala un mamotreto de libro, tal vez con la idea de rellenar la amplitud de mi recién estrenado tiempo libre, no sea que en su libertad el tiempo se escape o que por sus anchuras entren temidas luces de ocaso.
Es curioso cómo una vez que se tiene libre, suelto y en abundancia, ese tiempo tantas veces deseado parece convertirse en amenaza, causante potencial de angustiosos agujeros existenciales que necesariamente habría que tapar.
En realidad el tiempo, si es que existe, es quien te tiene a ti. Él manda. Arrasa. Te despoja. Te ignora. Cuando dejas de venderlo como si fuera tuyo,  y crees que te pertenece, te acercas al abismo de lo que no hay.
La aspiración humana a la inmortalidad se descompensa cuando, de repente, por cualquiera de las cortaduras de la vida, aparece la vertiente irreversible e imposible de desandar del tiempo. Y se descubre que la continuidad de un tiempo previsible, circular y constante, era solo ilusión.
Así, pues, como  supuesto antídoto a los efectos del tiempo me encontré frente a un grueso aunque prometedor volumen. Letra pequeña y algo más de setecientas páginas.
Preso de la idea de la temporalidad empujaba su lectura hacia el futuro,  pues se preveía larga. Ayudaba a la postergación la clasificación de novela histórica que lo acompañaba. Etiqueta simplista para esta obra: Noticias del Imperio.
Ficcionado unas veces, riguroso otras, la narración trata de un tiempo histórico. Malla sobre la que surge un fulgurante tiempo subjetivo, un estallido del personaje central que trastoca cualquier ordenamiento cronológico.
En esa pulsación temporal a la deriva, nada más comenzar la lectura, el obsequio se me convierte en regalo al descubrir la portentosa escritura del mexicano Fernando del Paso, Premio Cervantes 2015, de quien nada había leído anteriormente por desconocimiento.
El escritor abre el libro de un modo mágico dando voz a Carlota, Emperatriz de México, con un soliloquio susurrante, poético y subyugador, capaz de cautivar al lector, cuyos ojos se van deslizando página tras página, rodando en pos de las palabras metonímicas de María Carlota Amelia, escritas como un invisible hilo que tira del lector, y que del Paso dispara hacia el infinito.
La Emperatriz habla al Emperador, Maximiliano, muerto, vivo. Le pregunta, le requiere, le cuenta. Le da noticias, avatares históricos, fragmentos inconfesables de su intimidad.
Vive en la eternidad, fuera del tiempo a la vez que en todos los tiempos, atravesándolos a la búsqueda de los ecos más lejanos de su existencia, irremediablemente perdidos, inalcanzables. Y del Paso, a través de este personaje insólito, logra un prodigio: atrapa y estampa sobre el papel palabras que son agua, lluvia, aire, viento, luz y oscuridades. Palabras de  inasible huella.
Y en estos momentos míos de pérdida, de ausencia definitiva de mi madre, retengo un lamento de Carlota que me habla: “Me parece mentira que hayan pasado tantos años y que hayan llegado y se hayan ido todos esos días que parecía que nunca iban a llegar. Todos los días llegan alguna vez, aunque no lo creas y aunque no lo quieras y por más lejanos que parezcan. Y cuando llega el último día, el día de tu muerte, todos los días de tu vida se vuelven uno solo”.
Y en ese día en el que se suman todos los días el tiempo asoma su rostro y ves como se lleva inalterable a la persona querida y con ella lo que tú creías ser, porque dejas de estar vivo para quien traspasó ese último día y ya no puede pensarte nunca más. Y tú lo sabes. Sabes que un trozo tuyo, lo que fuiste, murió.

4 comentarios en “Todos los días llegan alguna vez

  1. Impactante tu relato Paco.Emotivo a màs no poder.No se pueden poner mejores palabras ,para el recuerdo de una ausencia , tan inconsolable .Sigo admirandote a travès de tus publicaciones ,y manteniendo el mejor de mis recuerdos para quien me abriera de la mano del Psicoanalisis , las puertas de Madrid , y a tanto.
    Como leyera hace unos días , en el entrañable jardín Gabriel Garcia Marquez de la Casa de America de Madrid: ” recordar es fàfil para el que tiene memoria,olvidar es difícil para quien tiene corazón”.Un fuerte abrazo.gracias

  2. Juan Carlos! Gracias por tu comentario y por el buen recuerdo, que es mutuo.
    Un abrazo,

  3. Por casualidad he leído tu escrito en el que dedicas unas bonitas palabras a tu madre fallecida. Un fuerte abrazo.

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