Elija su Pappataci (o no)

Cuentan que Teresa Berganza, hablando con un compañero de profesión sobre una conocida figura pública, dijo: “ese sería un buen Pappataci”. Sirva la ingeniosa ocurrencia de la mezzosoprano, no sólo para designar a un encumbrado chorizo, sino como acertada denominación para los especímenes formados en las abundantes excrecencias que la política actual ha generado.
Ahora comienza a dejarse caer una buena peña de pappatacis, de mayor a menor alcurnia, en todo el territorio nacional y geografías adyacentes.
El Pappataci es un personaje de una divertida ópera de Rossini, La italiana en Argel. Pero mira por dónde, busco en Google y me entero que también da nombre a un tipo de mosquito chupasangre que ataca a los humanos. Como anillo al dedo: valga la doble acepción.
La obra es una parodia sobre el poder autocrático. Ese tipo de poder al que impúdicamente aspira una montaña de políticos, que este año caen como aludes sobre una población achicharrada.
En la ópera hay esclavos y eunucos, fieles sirvientes y dignatarios sumisos. Toda una corte y toda una alusión al poder actual, pese a que el libreto fuese escrito en los primeros años del siglo XIX. Algunas cosas nunca cambian.
No hay bufón, porque el sátrapa es el bufón. Un bufón peligroso: ser acrítico e infantilizado, cuya principal preocupación es su propio goce. A sus numerosos honores logra añadir el inverosímil título de Pappataci, credencial que en la obra simboliza el despotismo, la opresión, la arbitrariedad, la maldad, el abotargamiento y el empobrecimiento mental.
La sátira del sátrapa-bufón cada vez se parece más al tropel de empavesados poderosos contemporáneos que se mueven en la mierda de la corrupción sin que milagrosamente les salpique una gota. Al photoshop estético se pretende añadir una especie de photoshop ético. Aparentemente impolutos, ahí los tenemos, volcados en el año electoral.
No faltan, en la campañas de los comicios, buenos escenógrafos que presentan, junto a personas honestas y limpias, a un sinfín de pappatacis sacados de los aparatos de los partidos, dispuestos a continuar colonizando las instituciones públicas y subvertir los principios para los que un día fueron creadas: suprimir el nepotismo, promover la justicia, erradicar el amiguismo, el tráfico de influencias, el pago de favores políticos y la corrupción.
Contamos con unos días de guiñol para escoger o no escoger, esa es la cuestión, al Pappataci correspondiente. No es de difícil reconocimiento: se muestra tragicómico; aunque queramos creer lo que dice, por pertenecer a una formación que nos resulta afín, en lo más íntimo sabemos que engaña a sabiendas; sus palabras son amonestaciones, siembran el miedo y la amenaza; parece poseedor del Libro de los Destinos, por eso asegura saber cual nos conviene; incapaz de autocrítica se muestra halagado de sí mismo. La carcoma de la vanidad se la engorda la caterva de adminículos de que se rodea: mayordomos, mandaderos, maestresalas; todos a su vez caciquillos de sus inferiores jerárquicos, atravesados unos y otros por la tiranía, onda que se expande desde el estrato central o superior a la periferia, allí donde se encuentra la soldadesca, la masa, carne de votos.
Es desalentador comprobar las continuidades que persisten. Razón por la que el teatro electoral resulta bastante loco: los guiñoles carecen de lugar propio y revolotean entre el escenario, patio de butacas, palcos y anfiteatro. Unos mienten, otros se dejan mentir, y en un juego de espejismos mutuos se acepta la adulteración de las verdades.
Es un festival. Que cada cual escoja su Pappataci particular. O no: siempre hay gente decente. Respetable en tanto que respetuosa. No todos pertenecen al género Pappataci. Éstos son los merecedores de nuestro aplauso y agradecimiento.

Un comentario en “Elija su Pappataci (o no)

  1. Estoy tan de acuerdo con lo que has escrito en este artículo que … solo voy a añadir esto: efectivamente es vomitivo lo que se está viendo en el escenario electoral por parte de algunos políticos: ¿habéis visto la ordinariez de E. Aguirre cantando un chotis este fin de semana, por ejemplo? … con el fin de … bueno, ya lo sabéis… Que esta señora pretenda ser alcadesa de Madrid y competir, por ejemplo también, con M. Carmena que apuesta por escuchar a la gente honesta, a los madrileños que no nos merecemos tanta incultura, tanta corrupción, tanta maldad, tanta tristeza gris -el ungüento preferido del PP que ha inundado nuestra ciudad-..
    Pero es normal que lo pretenda, seguirá siendo votada a pesar de ser un auténtico esperpento… Sin embargo, yo ya he comprado el vino con el que brindar el próximo día 24 porque espero que gane la izquierda. Ya es hora y ya se puede. Sí, voy a brindar por la vida y porque desaparezcan los macabros payasos que inundan nuestro espacio político. Salud!!!!

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